domingo, 5 de diciembre de 2010

Oraculo I y II

Es algo bastante viejo, que escribí en facebook una vez jeje.

¿Por qué esperas una brisa tibia?, a quien tu amas es a la reina del invierno.

¿Por qué abrazas a la reina del invierno? ¿acaso esperas ablandar su corazón?

¿La reina del invierno? o ¿La princesa de la primavera?, su hija, azotada por el frío permanece encerrada en su capullo.

Tan solo sentir por un momento la calidez de la princesa, y veras a la reina más fría, poderosa, distante.

Tan solo tocar a la reina del invierno y la delicada princesa te parecerá el más deseado de todos los tesoros.

Pero oh noble caballero, ¿acaso son comparables la belleza de una nevada a la de los campos en flor?

¿Acaso son más hermosas las flores que los delicados cristales de hielo?.

Desde los picos nevados de la majestuosa montaña el valle de la princesa no parece más que una ínfima ilusión.

Desde el cálido valle de la princesa las montañas parecen amenazadores gigantes congelados.

¿Acaso puedes revolotear como una mariposa? ¿Acaso puedes ser tan calmo como las montañas?

¿Por qué esperas una respuesta, si aún no formulas una pregunta?

El Oráculo no puede esclarecer tu corazón, es la brisa del otoño la que barrerá los caminos.

Así que regresa por donde habéis venido, oh Caballero del Otoño.

Regresa a tu reino, donde las hojas caen y todo se tiñe de dorados.

Donde se puede sentir aún el calor del verano, donde podemos ver el majestuoso invierno que se acerca.

Donde todos se guarecen, donde todo es cálido a pesar del frió que se avecina.

Y ya no es el Oráculo quien habla, es mi alma quien se arma de valor y grita a los cuatro vientos:

-Te espero en mi reino!

Bufanda

Un cuento algo viejo, otro trabajo de taller.

Aquella noche estaba tan fría, pero sin embargo su cuerpo esta allí, sin timidez, impúdico, esperando mis caricias. Apoyé mi indice en sus carnosos labios, deslice las yemas de mis dedos por su sedosa piel, tan blanca, recorrí todo su cuerpo, palpando cada palmo de su ser, cada porción de su ser, sus más intimas cavidades. La besé, mi lengua irrumpió en su boca, jugueteando contra su áspera lengua, nuestras viscosidades se mezclaban, pero su lengua no jugaba conmigo, solo su cuerpo estaba allí para mí, parecía mentira que aquella tarde me hubiera llamado rompiendo en llantos, rogándome que la amara, que la hiciera mía una vez más, diciéndome que me necesitaba, ahora estaba extrañamente tiesa, pero ya no importaba, siguiendo sus deseos le hice el amor con tanta pasión y desenfreno como en nuestra primera vez, la tome de las manos, nuestras muñecas se juntaron, sentí las húmedas grietas de donde emanaba el viscoso fluido de su sangre, llegue al paraíso y descendí en muy poco tiempo, la bese por ultima vez, me vestí y la deje en su soledad, al salir ajuste mi bufanda, aquella noche estaba tan fría.