miércoles, 11 de agosto de 2010

Los colosos grises

Es un principio de un trabajo que hicimos en taller.

Habia que crear un diálogo entre los tres (Marta, Monica y yo), después a mi me toco "enmarcar" ese dialogo.


Gris, ¿qué otra forma de describirlo?.

Gris, denso, cargado de los vapores del constante flujo de automóviles. Bueno, cuando estos se movían, y los pequeños hombrecillos y mujercillas no hacían de sus bocas una explosión del vocabulario tan fluido que se maneja en el centro de la ciudad, donde un neumático pinchado transforma un seis de noviembre en un nuevo día de las madres, y todos animados por la euforia no dudan en hablar sobre la de los demás.

Los colosos de cemento se irguen en los ríos de asfalto, y aquellos hombrecillos y mujercillas se adentran en las alturas, en las oficinas, en los cubículos de contrachapada, en las ruidosas impresoras, en los horarios, en los amplios escritorios de la gente de contaduría, en el sistema.

-¡Dios! Esta tecnología, te juro que me quedo con las señales de humo. -Por tan solo unos instantes el rasgado de los lapices y bolígrafos contra los “papeles importantes” se detuvo.

-Los computeros son todos iguales, todo debe funcionar a la perfección, si algo no anda se les cae el mundo y se asustan, vuelven al origen.

-Será cuestión de tener paciencia y perfeccionarnos en su uso para conocerlas mejor.

-Pero no es un simple capricho, es que desde la mañana esta cosa no funciona, ya le pegué, zarandeé, hasta le grité y sigue en la misma... -dijo Santiago mientras se rascaba la cabeza y se paraba alrededor del escritorio.

-¡Qué difícil época vivimos! Con las maquinas, dependientes totalmente en nuestras vidas, cuando algo no funciona quedamos parados y no sabemos improvisar, volver al lápiz. Yo creo que mejor te cambias al otro escritorio.

-Quizás podemos probar en forma alternada o sea intentemos algunos días usando la computadora y probemos en otras ocasiones con el viejo y querido lápiz.

¿Viejo y querido?, la mente de Santiago se detuvo por un momento, para el los lapices nunca habian sido queridos, viejos si, pero... ¿queridos? Siempre eran o muy claros, o se borroneaban, se les rompía la punta, se hacían irresistibles para morder, pero después dejaban ese sabor áspero a pintura y madera.

-Perfecto. Y ya que estamos vengo en troncomobil al trabajo y espero a que Bilma me tenga la cena lista. Las maquinas son el futuro, no puedo depender de un lápiz, o ¿acaso ya sacaron lapices con Wi-Fi?

-La tecnología a mi me pasó, yo perdí cuando me costó sacarle el ruidito a la calculadora. El problema es que no supe volver atrás.

¿Volver atrás?, “ni que fueramos cangrejos” pensó Monica, siempre se le había dicho que debía armarse para supera las dificultades con una mente ágil, eso era, ¡seguir adelante!

-Bueno, pensemos en ir hacia adelante y demos un voto de confianza a la tecnología. -Y con esa “esperanza” el constante tecleo y el susurro de los lapices contra el papel volvió a inundar la sala.

Y el sopor de la ciudad llega a su maximo y el aire acondicionado hace llorar a los colosos, que con sus lagrimas salpican a los caminantes desprevenidos, en ese flujo, entre constante e inexistente, de hombrecillos, mujercillas, de automóviles y papeles importantes, de gases y alegres saludos del día de las madres.

2 comentarios:

  1. considerese enlasado monsieur.
    como le dije en elface...una grata aventura su blog

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  2. Realmente me alegra que disfrutes de lo que escribo, gracias por el enlace.
    Nos estamos hablando.

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